¿Ustedes se imaginan que un día se hagan realidad todas las mentiras que han contado a lo largo de su vida?
Justo eso es lo que me ha pasado a mí. De la noche a la mañana pasé de ser repartidor de Pan Bimbo a vicepresidente del Real Madrid. Supongo que alguna vez mentí diciendo que me había cruzado con Florentino Pérez en un palco del Bernabéu y me había ofrecido el puesto ante mis buenas ideas sobre el rumbo que debía tomar el equipo. Hace un año, bum, Florentino en carne y hueso me esperaba junto a la puerta de mi casa —vestido con un chándal Kalenji, unas Crocs en los pies y un piti recién liado en la boca— y me dijo: «Paco, por fin te encuentro, te necesitamos, ¿quieres ser el vicepresidente del Real Madrid?». Y aquí estoy, con un despacho más grande que mi piso y un sueldo de la hostia. Prendí fuego a la furgoneta del pan delante del almacén.
Gracias a mis trolas siderales luzco más culto. Como he mentido tantas veces diciendo que soy un buen lector y me sé casi de memoria todas la…

