La gente quiere escuchar historias de personas débiles que se lanzaron. Da igual adónde. Poco importa el resultado. Si hay éxito, bien. Si te estrellaste, esperamos con ansia la segunda parte. O la quinta. O la mil.
Ese primer paso que la mayoría no se atreve a dar es motivo de sobra para ignorar el ruido en el que estamos todos metidos. ¿Por qué ese tipo o esa tipa, tan vulnerable como yo, se lanzó al vacío? Ahí comienzan algunas de las mejores historias.
A lo largo de mi vida he tomado dos decisiones enormes en las que logré desconectar por completo del ego, del qué dirán, del miedo a defraudar por lo mucho que esperaban de mí.
Suelo mencionar entre bromas la primera: salir de una secta, con todo lo que ello implica y que mucha gente desconoce.
Desde hace más de una década no sé dónde vive mi padre. Mi relación con mis hermanas se reduce a un SMS de hace unos días en el que me pedían conocer a mi hija, con la coletilla de tratar de convencerme de que ese dios que defienden por encima de…

