Neptuniana es la encargada de enseñarle a Parténope canciones infantiles y algunas piezas de Mozart o Bach. Esto último lo hace porque toca el violín y en su familia la música clásica es religión. Pero no dejan de sorprenderme los padres que le calzan Mozart for the babies a los chiquillos con la esperanza de que les salgan Saras Garcías, pero nunca leen un puto libro delante de ellos.
El departamento de rock, greñas y alcohólicos es mío. Cada uno hace lo que puede. Cuando Parténope sonríe al escuchar La vereda de la puerta de atrás o Jesucristo García, mi orgullo como padre roza ese cielo en el que dudo que hayan dejado entrar a Robe.
Extremoduro aparte, algunas de las canciones favoritas de mi hija para dormirse son Bohemian Rhapsody y Copenhague. Su idilio con Vetusta Morla viene desde antes de nacer, cuando se ponía a bailar en la barriga de su madre cada vez que sonaba 23 de junio.
Además de mis ojos, Parténope padece una curiosidad casi obsesiva por todo lo nuevo. En particular, po…

